La antigua redería.
“… he pasado buena parte de mi infancia sentado en algún lugar del segundo piso de esa redería,
viendo a mi aita coser, el sonido de la radio por la tarde, el olor a salitre seco en las redes,
las agujas blancas y el gesto serio de todos los trabajadores. Es un lugar muy vivido y muy sudado.”









